miércoles, 1 de mayo de 2013

Lamento poético: "Las mujeres hermosas son invisibles"


La Elegida (2008) es una horrible traducción para el título de esta buena película dirijida por Isabel Coixet (Cosas que nunca dije, Mi vida sin mi, La vida secreta de las plabras, París je t'aime). Elegy, cuya traducción es Elegía, hace honor al verdadero significado de la palabra y es el título perfecto para este film. La elegía es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido, un sentimiento, etc. 

Quien tradujo "La elegida" se debe haber quedado en lo anecdótico de la historia de un profesor, que transita en el lado erótico de su existencia, y crítico de arte fóbico al compromiso que cree encontrar el método perfecto al elegir a la más bella e inteligente alumna para seducirla y así disfrutar de sexo sin ataduras. David Kepesh, tal es su nombre vive en el deseo en el más amplio sentido de la palabra.

El espectador inmediatamente imagina que el sesentón interpretado por Ben Kingsley, esta vez encontrará la horma de su zapato en Consuela (Penélope Cruz irremediablemente sexy) y acierta. Es que no es lo más importante en esta Elegía. La cuestión está en el texto, la inteligencia de los diálogos, la falta de lugares comunes. Se trata de un lamento poético que se va construyendo de a poco, sin golpes bajos, sin regodearse con el morbo ni la miseria humana.

Correctas actuaciones de la pareja central muy bien acompañados por Dennis Hopper y Peter Sarsgaard. Sin exageraciones y con algunos detalles de la historia y los diálogos que por extraños, hacen mas real y creíble la historia. La paleta de colores con la que se pinta la trama no tiene ni colores estridentes ni demasiado pálidos. Los colores justos y correctos. Las pausas, los tiempos y ritmos necesarios. En términos cotidianos se llama "muñeca" es la diestra (o la zurda) de Isabel Coixet.

"Las mujeres hermosas son invisibles. Nadie puede ver a la persona real… Estamos tan deslumbrados por el exterior que nunca conseguimos llegar al interior" dice el personaje interpretado por Dennis Hopper y tiene que ver con el guión adaptado sobre el libro "The Dying Animal" de Phillip Roth y en el que retoma al personaje que ya había retratado en "The professor of desire" (1977) acuciado por los conflictos políticos, sociales y psicológicos de la Norteamérica de postguerra.